Abro
los ojos y el cielo no me engaña, él cree que puede, con su azul despampanante
y sus nubecitas blancas, tan inocentes, tan inofensivas, que pareciera que es
miércoles, me gustan los miércoles. Pero no me engañan, sé que es domingo.
En los domingos todo es diferente, la luz cambia, el sonido de los días cambia, el olor
del día a día es distinto.
Por
lo general me invento planes dominicales para no morir de tedio, y a veces, lo
consigo. Otras veces, por más planes que haga, la marca dominical me persigue
sin piedad.
Todos
los domingos son distintos, pero siempre son domingos. Las seis de la tarde,
sin embargo, esa hora en que la penumbra convierte en bultos todo a mi
alrededor, es igual siempre. No importa que tan lejos esté, no importa que tan
bueno haya sido el plan del día.
Ahora,
si el domingo es un día fatal, nada es comparable con que sea domingo y esté
lloviendo. Tengo un problema con la lluvia; me encanta, pero a ciertas horas y
ciertos días. Creo que la depresión tiene nombre y apellido; domingo con
lluvia. Por ejemplo, pienso que no quisiera morirme un domingo por la tarde
mientras llueve. Creo que morirse así sería de muy mal gusto.
Otra
característica importante tiene que ver con el grado de autismo que puedo
alcanzar al final del día. Estoy convencida de que no debería tener una primera
cita un domingo. Primero porque no soy una persona coherente y podría decir
muchas estupideces. Segundo porque quisiera saltarme todo el debido proceso y
arruncharme a ver una película en mi cama. Creo que soy poco emocionante en
estos casos, mejor descartar primeras citas.
Cuando
llega la hora de la comida, puedo echar mano de los nunca bien ponderados
espaguetis; la mejor alternativa de un soltero, además de la arepa, claro está.
La mayoría de las veces prefiero comer a la carta, pero hay domingos en que me
pongo de reflexiva y me acuerdo de ese novio que tuve hace mil años y que me
decía: “Pero si tenemos comida en la casa, ¿para qué gastarnos la platica?” No
soy de ese estilo, creo que por eso, entre otro millón de razones, no estamos
juntos. Pero bueno, volvamos al punto, decía que me acuerdo de esas palabras y
decido ahorrar un poco, para que además de tener que soportar un domingo
lloviendo, no deba cargar con sentimientos de culpa monetaria.
Después
de la comida no quiero otra cosa más que ver una película bien romanticona, de
esas que dan nauseas. Ojalá que sea protagonizada por Julia Roberts, Jennifer
Aniston, Meg Ryan, Adam Sandler, Drew Barrymore, Cameron Díaz, Hugh Grant, Jude
Law, Gerard Butler, entre otros. Menos Renée Zellweger. Si tengo un helado
gigante mucho mejor, más si es de chocolate, y ahí la cosa se va componiendo.
Cuando
se va acabando la noche, vuelvo a ser una persona normal, pensando en las mil
cosas que tengo que hacer en la semana, las citas que no puedo olvidar, las
cuentas por pagar, El Papa, Chávez, Uribe y Santos, Fajardo y Gaviria, y…Pensándolo bien, creo que prefiero el
domingo.